Cuando el Congreso invita al ministro. Publicado en el Diario Correo (Edición Regional), Lunes 19 de Junio de 2017.

Carlos Hakansson
Doctor en Derecho (Universidad de Navarra)
Profesor de Derecho Constitucional e Integración (Universidad de Piura)
Titular de la Cátedra Jean Monnet (Comisión Europea)

La investidura al Primer Ministro y su Consejo es una institución parlamentarista presente en nuestra forma de gobierno. Por eso, sus efectos deben tenerse en cuenta cuando un ministro es invitado por el legislativo para que aclare o brinde su posición sobre un tema de interés público; de hecho, las invitaciones están previstas en la Constitución; sin embargo, aunque resulte inusual exigir la presencia inmediata de un ministro, la institucionalidad demanda obedecer la solicitud del parlamento y acudir al llamado, aunque ello signifique presentarse con vestimenta casual (polo, jean, zapatillas) y con una maleta en mano recién llegado del extranjero.

La ceremonia de investidura es un acto político que produce efectos jurídicos. Es político, por el respaldo de una mayoría parlamentaria al nombramiento presidencial de un nuevo Jefe de Gabinete y sus ministros, lo cual produce una responsabilidad solidaria; es jurídica, por los efectos de validez que producirán sus actos de gobierno en ejercicio de funciones. Por eso, no se trata que el Congreso se encuentre en una posición superior al Ejecutivo, sino que en aras de su función de control político puede solicitar la presencia del Primer Ministro o cualquiera de sus ministros, precisamente por ese vínculo político-jurídico existente.

La gana, temperamento e incomodidad del ministro resultará comprensible ante esta citación, pero deberá hacer gala de sus formas, prudencia y sentido del humor durante su visita al Congreso, al punto de convertirla en “inolvidable” a los parlamentarios y que forme parte del anecdotario del hall de los pasos perdidos.

Las dudas que dejan las elecciones británicas, por Paul Keller. Publicado en el Diario El Comercio (Edición Digital), Martes 13 de Junio de 2017.

“Los resultados de las elecciones parecen mostrar que el pueblo británico tiene ahora sentimientos muy contradictorios”

“A pesar de las predicciones de que el gobierno disfrutaría de una victoria fácil contra una oposición debilitada, la apuesta de May resultó seriamente contraproducente”. (Foto: Archivo El Comercio)

Por Paul Keller (*)

Se suponía que las elecciones en el Reino Unido debían traer seguridad y estabilidad al país, y fortalecer la figura de la primera ministra, Theresa May, antes de las cruciales negociaciones sobre la salida del Reino Unido de la Unión Europea (UE). Incluso hace unas semanas se creía poco probable que perdiera. Hoy, sin embargo, se percibe que ha perdido de manera espectacular: su partido, el Conservador, realizó una campaña mediocre y no logró una victoria general en la votación nacional. Ahora se enfrenta a un futuro incierto al frente de un gobierno de coalición frágil y posiblemente de corta duración.

A pesar de las predicciones generalizadas de que el gobierno disfrutaría de una victoria fácil contra una oposición debilitada, la apuesta de May para convocar unas elecciones tempranas resultó seriamente contraproducente. Los conservadores ahora tienen 13 escaños menos en el Parlamento que antes, mientras que el opositor Partido Laborista ganó 30 escaños. Su liderazgo se ha visto fatalmente dañado. Y se dirige a las negociaciones del ‘brexit’ –programadas para el 19 de junio– en una posición mucho más débil, mientras que sus planes para adoptar una estrategia dinámica frente al acuerdo de ‘brexit’ parecen estar menoscabados. Sus oponentes, incluso algunos dentro de su propio partido, han pedido que renuncie.
Entonces, ¿qué salió mal para May y los conservadores? Por un lado, el Partido Laborista realizó una campaña electoral mucho mejor. A pesar de comenzar unos 20 puntos detrás del gobierno en las encuestas de opinión, el líder Jeremy Corbyn desafió a los críticos que lo habían llamado “débil e incompetente” ganando el apoyo popular gracias a sus promesas de mejorar las condiciones de las familias más pobres del Reino Unido. Muchos jóvenes votantes le sumaron su apoyo después de que prometió abolir las tasas universitarias. Aunque el Partido Laborista no consiguió suficientes escaños para formar su propia coalición, Corbyn lo calificó de “un resultado increíble para el Partido Laborista”.

Theresa May, por otro lado, lucía incómoda durante la elección y realizó lo que muchos han llamado una campaña “desastrosa”. Se negó a participar en debates televisados, mientras que sus promesas electorales se vislumbraban mucho menos atractivas que las ofrecidas por el Partido Laborista. Del mismo modo, su agrupación no pudo conseguir los votos del Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP), muchos de los cuales terminaron en el Partido Laborista. El Partido Conservador Escocés, sin embargo, ofreció un cierto alivio al ganarle un número significativo de asientos al Partido Nacionalista Escocés, que perdió el apoyo entre los votantes debido a su impopular plan para celebrar otro referendo sobre la independencia escocesa.

A corto plazo, May debe encontrar una manera de mantener el apoyo de sus socios de la coalición minoritaria, el Partido Unionista Democrático de Irlanda del Norte (DUP), o, como muchos analistas predicen, su “matrimonio de conveniencia” se derrumbará. Asimismo, el pequeño Partido Norirlandés, con solo 10 escaños en el Parlamento, ha pasado de un partido de protesta para convertirse en una nueva fuerza significativa en la política británica. Aunque comparte una posición común con el Partido Conservador en asuntos importantes como impuestos, defensa y antiterrorismo, podría dividir fácilmente a los partidarios de May sobre su fuerte oposición frente al matrimonio entre personas del mismo sexo y al aborto.

Y con su fuerte apoyo al ‘brexit’, el DUP probablemente empujará a May a tomar una línea dura en sus negociaciones sobre la salida del Reino Unido de la UE. Sin embargo, los resultados de las elecciones parecen mostrar que el pueblo británico tiene ahora sentimientos muy contradictorios acerca de esta postura. Ahora, May tendrá que equilibrar las demandas de los miembros de la línea dura del ‘brexit’ en el Parlamento, frente a una oposición recién fortalecida, que busca un enfoque más suave y conciliatorio de las conversaciones.

Lo más preocupante de todo es que, a pesar de las elecciones, el país todavía no cuenta con un plan coherente para enfrentar el ‘brexit’ y mucho menos un plan económico a largo plazo. La campaña electoral ya ha disipado la atención durante seis semanas. Con gran incertidumbre política por delante, es casi seguro que se pierda más tiempo de vitales negociaciones para poder llevar a cabo el ‘brexit’.

(*) Excorresponsal de la BBC

http://elcomercio.pe/opinion/columnistas/dudas-dejan-elecciones-britanicas-paul-keller-434047

El retorno del Senado. Publicado en el Diario Correo (Edición Regional), Lunes 12 de Junio de 2017.

Carlos Hakansson
Doctor en Derecho (Universidad de Navarra)
Profesor de Derecho Constitucional e Integración (Universidad de Piura)
Titular de la Cátedra Jean Monnet (Comisión Europea)

Una de las reformas urgentes al sistema político es el retorno a la bicameralidad del Congreso. El Parlamento se encuentra desbordado con trabajo legislativo pendiente para debatir, mientras se ocupa en paralelo de su labor fiscalizadora fruto del ejercicio de la política doméstica.

Las funciones representativas, legislativas y de control, más la velocidad del tiempo y su administración también afectan la agenda parlamentaria; solamente debemos observar la página electrónica del Congreso para constatar que las citaciones al Pleno no son diarias, cuando se convocan debe distribuirse el tiempo para debatir diversos proyectos de ley, aprobación de alguna herramienta de control parlamentario (preguntas, interpelaciones, comisiones de investigación, etcétera) y los congresistas desde sus bancadas deben “estar en cola” para poder impulsar sus iniciativas y ponerlas al debate. Por eso, en este contexto, no es inusual el surgimiento de contrariedades en el Pleno, incluso entre miembros de un mismo partido.

La necesidad de un retorno al Senado podría ayudar a descongestionar el Congreso, para que en ella se discutan los temas de Estado, el nombramiento de las altas autoridades, los temas de orden territorial (cámara alta) para que los diputados puedan ocuparse mayor tiempo en los temas de control político que demandan una mayor atención mediática (cámara baja).

No es la primera vez que se suscitan contrariedades en el Pleno por la distribución del tiempo y prioridad para debatir proyectos de ley, una clara señal de alerta para retornar al Senado y brindarle un pulmón adicional al Congreso.

Upsetting: Britain votes. Publicado en The Economist Espresso, Jueves 8 de Junio de 2017.


Photo: Dave Simonds

Today’s general election is the second in two years. Theresa May, who became Conservative prime minister after David Cameron resigned following the Brexit referendum, long insisted that no election was necessary. In April a large opinion-poll lead tempted her to call one. The six-week campaign has been dismal, not only because of terrorist attacks in Manchester and London but also because Mrs May’s particularly poor performance—robotic and clichéd—shrank her poll lead to single figures. Labour’s Jeremy Corbyn, supposedly a left-wing no-hoper, proved surprisingly effective, winning new support especially among young people (how many will actually vote is another question). Others have struggled. The Scottish Nationalist tide is ebbing, Liberal Democrat hopes of revival on anti-Brexit sentiment have withered and the UK Independence Party may disappear. The Conservative majority is likely to be modest at best. Even a hung parliament is possible: a strikingly poor return on Mrs May’s bet.

Link; https://espresso.economist.com/90b8e8eca90756905bf80c293ae6a50a

El planeta y la ética egoísta de Trump. Publicado en El Español (Edición Digital), Martes 6 de Junio de 2017.

Por Rafael Domingo Oslé (*)

La noticia de que Trump ha decidido que Estados Unidos abandone el acuerdo climático de París no ha sorprendido al mundo, por más que haya podido molestarle. Lo había anunciado ya el propio Trump durante su campaña electoral en repetidas ocasiones. En el fondo, la decisión no es más que una consecuencia de la aplicación del lema que inspira su gobierno: America First.

Que América es lo primero no fue solo un simple eslogan para captar el voto descontento y nostálgico americano -que era mucho como se vio-, sino que constituye la verdadera clave y razón de ser de cualquier movimiento de Trump en política exterior. El presidente es claro: no se debe tomar ninguna decisión en temas internacionales que pueda perjudicar a los Estados Unidos de América. Según Trump, Obama, por desgracia, así lo hizo cuando, con su apoyo al Acuerdo de París, permitió una injustificada renuncia de soberanía en materia de emisión de gases y aseguró una ayuda económica multimillonaria a países necesitados de la que se hubiera podido obtener un mejor rendimiento, de acuerdo con los propios intereses americanos.

¿Acaso no le falta razón a Trump? Negar que el Acuerdo de París haya comprometido al gobierno de los Estados Unidos es negar la evidencia. Por lo demás, claro que sí, América debe ser lo primero para el presidente de los Estados Unidos y el pueblo americano, como España debe ser lo primero para los españoles, Aguascalientes lo primero para los hidrocálidos, la empresa Trampolín lo primero para sus accionistas y empleados, y la familia López Martínez lo primero para cada uno de sus integrantes. Más incluso: uno mismo debe ser lo primero para sí, se podría añadir para cerrar el círculo. ¿Qué hay de malo en todo esto? ¿Por qué nos rasgamos las vestiduras ante este principio elemental de comportamiento humano?

En mi opinión, lo que falla no es la formulación del principio América primero, que es cierto y válido, sino su correcta interpretación. Esta interpretación debe hacerse, no desde una ética excluyente basada en el interés propio sino desde una ética incluyente basada en la solidaridad.

La ética del self-interest es inaceptable en nuestros días, por cuanto establece una barrera artificial entre lo propio y lo ajeno, además de descuidar lo común, que es el ingrediente principal de lo que hoy llamamos globalización. Este modelo ético interpreta todo en clave de poder y entiende cualquier acto solidario -desinteresado- como una dejación injustificada. Es una ética de equilibrio de voluntades que se imponen, y por eso de búsqueda de consensos interesados resultantes de las luchas entre distintos poderes.

A mayor poder, mayor capacidad de imponer libremente la propia voluntad por consenso. Por desgracia, la ética del self-interest ha sido y es la prevalente en la gestión de la crisis de refugiados, en el brexit, en la cuestión catalana, y es la que en el fondo ha dominado las relaciones internacionales entre seres humanos, con honorables excepciones, hasta nuestros días. Así nos ha ido. No demonicemos, por eso, farisaicamente a Trump. Es uno más en la gran jungla humana, a quien, de acuerdo con esta ética, tampoco le ha ido tan mal.

La globalización como fenómeno nos ha permitido experimentar que cualquier separación extremista e inapelable entre lo propio y lo ajeno es artificial. La dualidad propio-ajeno, como cualquier dualidad radicalizada y excluyente, es ella misma reduccionista, pues impide captar aspectos importantes de una realidad mucho más rica.

No se puede pensar en un yo sin un tú, en un tú sin un nosotros, y un nosotros sin un ellos que debe convertirse, a su vez, en un todo unitario.Un yo, América, y un tú, resto del mundo, sin un nosotros, que es la humanidad, es una verdad a medias, y, constituye, en el fondo, como todas las verdades a medias, un gran engaño y una fuente de confusión y falsedad.

El trumpismo, en este sentido, es marcadamente reduccionista, como lo son casi todos los ismos que en el mundo han sido, y, como tal, es artificioso, y, a la larga, improductivo. Trump se equivoca estrepitosamente al pretender defender América sin tener suficientemente en cuenta el bien común universal. América no es un proyecto único, enlatado, que se puede cerrar herméticamente. Por eso, su aislacionismo, tarde o temprano, pasará factura. Tiempo al tiempo.

Las relaciones internacionales, así como las nacionales, deben fundarse en una ética de la solidaridad, que supera con creces la ética del self-interest tal y como se ha entendido egoístamente hasta ahora. No se trata, por supuesto, de que los estados no tengan que actuar en interés propio (¡que cada palo aguante su vela!), sino de la necesidad de considerar el interés global como parte integrante del interés propio de cada comunidad política.

El interés global ha pasado a ser en nuestros días condición suficiente en la toma de las decisiones nacionales, así como salvaguardar los intereses nacionales es, en la medida de lo posible, condición necesaria, aunque no suficiente, en la toma de decisiones globales.

Un estado que actúa conforme al interés global, está actuando, por definición, solidariamente, así como un estado que obra en interés propio integrando en su decisión los intereses globales, actúa solidariamente. Esto explica por qué donde existen intereses globales, como es el caso del cambio climático, sea del todo posible, e incluso éticamente exigible, lograr acuerdos. La comunidad internacional, por su parte, debe tratar de salvaguardar al máximo posible los intereses de las naciones.

Esta ética de la solidaridad es mucho más necesaria en nuestra hora presente que en momentos anteriores. La razón es obvia: a mayor interdependencia, mayor necesidad de implicación y, por tanto, mayor exigencia de solidaridad. La solidaridad se está imponiendo como el único camino válido para poder vivir razonablemente en un mundo globalizado. No hay alternativa.

Por eso, estoy convencido de que la globalización, aunque exija un gran esfuerzo a las naciones, va a suponer un salto sustancial en el nivel de solidaridad humana, y este salto va a permitir a la humanidad alcanzar un grado de compresión mucho más profundo de nuestra propia realidad. Se trata, en el fondo, de una nueva fase evolutiva de la consciencia humana.

La insolidaria medida de Trump de renunciar al Acuerdo de París cuestiona seriamente la reputación internacional de los Estados Unidos, que es su mayor intangible. El liderazgo americano no se puede mantener imponiendo una agenda propia, ni buscando el propio interés a costa del bien común universal. América primero, sí, pero no solo en poder económico y militar, en desarrollo científico y tecnológico, en universidades y compañías, en seguridad, comunicación y entretenimiento, sino también en democracia solidaria. La cuna de la democracia debe solidarizar sus relaciones internacionales y consolidar su liderazgo mundial, como fruto maduro de su merecida reputación internacional y no de su mezquino interés político.

(*) Rafael Domingo Oslé es Spruill Family Research Professor en la Universidad de Emory en Atlanta y catedrático en la Universidad de Navarra.

http://www.elespanol.com/opinion/tribunas/20170605/221597840_12.html

La función de la Contraloría. Publicado en el Diario Correo (Edición Regional), Lunes 5 de Junio de 2017.

Carlos Hakansson
Doctor en Derecho (Universidad de Navarra)
Profesor de Derecho Constitucional e Integración (Universidad de Piura)
Titular de la Cátedra Jean Monnet (Comisión Europea)

El principio de separación de poderes admite la existencia de órganos que gozan de autonomía, la cual les permite cumplir con los fines establecidos en su respectiva ley orgánica, sin que ello signifique zonas exentas de control político.

Una de las instituciones previstas en la Constitución y con autonomía es la Contraloría General de la República. Como su nombre sugiere, es el órgano previsto para supervisar la ejecución del presupuesto general del Estado, así como de estudiar la viabilidad de los proyectos de obras públicas que sus instituciones desean ejecutar.

La actuación de la Contraloría en la práctica politica nunca resulta cómoda cuando cumple con su labor, pero es necesaria como una institución constitucional prevista para la evitar gastos innecesarios y fiscalizar aquéllos que resulten irregulares. Por eso, goza de autonomia y su ley orgánica es muy exigente en los requisitos que pide para ocupar el cargo de Contralor General y demás miembros.

Los “fuegos cruzados” que se generen entre las altas instituciones estatales y la Contraloría al cumplir con su labor, deben evitar estados de crispación que confunden a la ciudadanía para comprender la naturaleza y funciones de esta importante institución.

Merkel: “Europa ya no puede apoyarse en Estados Unidos y Reino Unido”. Publicado en Radio Programas del Perú (Edición Digital), Domingo 28 de Mayo de 2017.

La canciller alemana llamó a la Unión Europea a tomar su destino en “sus propias manos” en un mitin.


Fuente: AFP

Angela Merkel dijo que Europa debe tomar su destino “en sus propias manos” en un mitin electoral en Munich, al sur de Alemania. La canciller compartió la reflexión luego de participar en el G7, donde coincidió con los líderes de Estados Unidos (Donald Trump) y Reino Unido (Theresa May).

“Los tiempos en los que podíamos depender completamente de otros están terminando. Lo he experimentado en los últimos días. Los europeos tenemos de verdad que tomar nuestro destino en nuestras propias manos”, advirtió Merkel ante miles de simpatizantes.

Frustrada. Merkel regresó a Alemania de la cumbre del G7 en Silicia, Italia. La cita donde se congregaron los líderes Alemania, Italia, Canadá, Francia, Estados Unidos, Japón y Reino Unido acabó sin un acuerdo sobre el cambio climático. Donald Trump fue el único disidente y dijo que aún no había tomado una decisión sobre el tema.

Luego de la cita, que la canciller consideró insatisfactoria, Merkel regresó a su país para continuar su campaña política. La elección federal del 24 de septiembre de 2017 definirá si ella seguirá como líder de Alemania, cargo que tiene desde abril de 2000. Con información de AFP.

http://rpp.pe/mundo/europa/merkel-europa-ya-no-puede-apoyarse-en-estados-unidos-y-reino-unido-noticia-1053772

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