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CRESPO MARTÍNEZ, ISMAEL; GARRIDO RUBIA, ANTONIO: Elecciones y sistemas electorales presidenciales en América Latina, Jurado Nacional de Elecciones (Perú), Porrúa, México, 2008, 238 págs.

Carlos Hakansson

Como su título nos sugiere, el libro analiza en profundidad los procesos electorales a la luz de la ciencia política y el derecho electoral. La lectura del índice podría llevarnos a un error si creemos que la temática seguida en cada capítulo se centra en la problemática electoral, pues, a la par, también realiza una valoración comparativa a las formas constitucionales de gobierno más conocidas: el presidencialismo, parlamentarismo, y el todavía polémico semipresidencialismo. La esencia del libro se resume en uno de sus párrafos cuando los autores nos dicen textualmente que “si sólo nos limitásemos a describir y mensurar las consecuencias políticas de las elecciones presidenciales sobre el número de candidaturas o (…) sobre la coordinación electoral entre los partidos y los votantes y su efecto más general sobre los sistemas de partidos, nuestro análisis quedaría incompleto” (página 87). En efecto, el estudio abarca más allá de lo técnico, pues evalúa los pros y contras de las formas de gobierno: los gabinetes compartidos y no compartidos (página 32), la tendencia moderna y mediática de “presidencializar el parlamentarismo” que se da en Europa (página 42), la necesidad de inclinarse hacia el llamado voto útil (página 57), cuando el candidato presidencial de preferencia puede ser el mejor pero con escasa posibilidad de ganar las elecciones, así que es mejor votar por otro, y una crítica al voto preferencial (páginas 50 a 51); todos estos temas son tratados con la debida competencia.
El hilo conductor del libro es la estrecha relación entre las instituciones políticas y el sistema electoral. Si bien este es el panorama de la obra que recensionamos, me gustaría realizar comentarios sobre algunas de las afirmaciones descubiertas en sus nueve capítulos. En una cita al Profesor Linz, los autores argumentan que “el presidencialismo es un esquema institucional menos favorable que el parlamentarismo para sustentar un régimen democrático” (página 9); en realidad, se hace alusión al modelo presidencialista que existe en Iberoamérica, que no se corresponde con el modelo norteamericano sino que se trata más bien de un régimen presidencial, donde el eje o razón de ser del presidencialismo no es el gobierno federal sino la institución presidencial reforzada con muchas atribuciones y pocos controles. Durante su lectura también destacamos una descripción a la Forma de Gobierno peruana (páginas 22 a 25), cuando resume sus rasgos más notorios en los siguientes:
1) Un presidente o jefe de estado elegido popularmente.
2) Un gabinete sujeto a la doble confianza del presidente y parlamento. Y,
3) Un presidente posee considerables poderes entre ellos el poder de disolver la legislatura y otros poderes legislativos (decretos, veto, referéndum).
Los autores nos muestran las ventajas y desventajas de las formas constitucionales existentes, pero si bien lo ideal sería optar por una forma de gobierno clara, presidencialismo o parlamentarismo, o resolver sus problemas con los mecanismos de cada modelo; cuando no se tienen consigo todos los presupuestos visibles, y no tan visibles, los sistemas híbridos se terminan imponiendo a los originales.

El análisis por estados iberoamericanos que realiza la obra es encomiable y de gran síntesis, diferenciando los temas principales de los accesorios. Al respecto, podemos comentar que la tradición constitucional iberoamericana ha sido distinta y de crecimiento desigual; por ejemplo, los avances de Brasil, Chile y Uruguay difieren de los de Bolivia, Ecuador y Venezuela. Para estos últimos, con sus avatares, retrocesos, e inestabilidades, el constitucionalismo ha buscado distintas soluciones, incluso ha llegado a realizar experimentos electorales de todo tipo pero sin mucho éxito. Un problema que ha dado lugar a que determinados sectores de la sociedad piensen que la solución se encuentra en los modelos autoritarios, instaurados por los llamados outsiders que dedica la obra en su capítulo siete.

Como sostiene el libro, en cita a los profesores Shugart y Carey, “las democracias presidenciales funcionan mejor y son más estables cuando el Presidente tiene unos poderes legislativos limitados, mientras los regímenes con fuertes presidencias han sido más proclives a la inestabilidad política e, incluso, a las quiebras democráticas” (página 77). Nos damos cuenta que nos encontramos a un problema que no es nuevo y que los autores del libro también tratan cuando nos dicen que “la presencia de un ex Presidente en la competencia electoral, especialmente en los países en los que se permite la reelección inmediata y éste es el jefe del Ejecutivo saliente, influye notablemente en el número efectivo de candidatos” (página 185). Los autores también analizan los sistemas de elección que cuentan con la segunda vuelta, como el peruano, y nos dicen que “es mucho más complejo y, de alguna manera, contiene una lógica que refuerza los incentivos para llegar a acuerdos entre las fuerzas políticas. En principio son necesarias la formación de alianzas y la negociación de apoyos partidistas para canalizar los votos de las fuerzas perdedoras hacia alguno de los dos candidatos” (página 160).

Con relación a los partidos políticos, los autores sostienen que “en las democracias parlamentarias, la ley electoral está estrechamente relacionada con los partidos políticos y las disposiciones institucionales específicas, y también tiene una notable importancia en la fragmentación parlamentaria y en el formato de los sistemas de partidos” (página 205). Y añaden que “el ciclo electoral, al margen de sus implicaciones para el sistema de partidos, puede llevar a dos perniciosas situaciones de “Presidencia minoritaria” sobrevenida: que el presidente herede un congreso hostil basado en una relación de fuerzas anterior a su propia elección como jefe del gobierno, o bien que deba gobernar con una mayoría parlamentaria adversa fruto de la celebración de elecciones parlamentarias durante su mandato” (páginas 217 a 218).

Finalmente, la lectura del libro “Elecciones y sistemas electorales presidenciales en América Latina”, de los profesores Crespo y Garrido, nos ha puesto a reflexionar sobre las soluciones y retos que le quedan por afrontar a la Democracia, especialmente cuando se piensa que es posible hacer viable una forma de gobierno, llámese parlamentarismo o presidencialismo sin un adecuado sistema electoral (y de partidos), lo cual pone en peligro la estabilidad democrática y esa debilidad podría ser empleada por eventuales candidatos, de estilo autoritario, que se valen de sus reglas procedimentales para llegar al poder y responder como Humpty Dumpty lo hizo a nuestra heroína Alicia en el cuento de Carroll titulado: Alicia a través del espejo, un diálogo que cito a continuación:
“Cuando uso una palabra”, dijo Humpty Dumpty, en un tono más bien desdeñoso, “significa sólo lo que yo decido que signifique, ni más ni menos”.
“La cuestión es”, dijo Alicia, “si tu puedes hacer que las palabras signifiquen tantas cosas distintas”.
“La cuestión es”, dijo Humpty Dumpty, “quien es el que manda”, eso es todo”.

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