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Una evaluación al llamado voto preferencial. Publicado en el Diario Correo (Piura), Martes 1 de Marzo de 2011.

 

Carlos Hakansson Nieto

El voto preferencial, también conocido de lista abierta, no está regulado en la Constitución, por tanto, su eventual eliminación del Derecho electoral peruano sólo demandaría una modificación legislativa. Pero la decisión de mantenerlo, o no, presenta aspectos que también deben ser ponderados. Como sabemos, el voto preferencial no tiene larga data, fue aprobado para las elecciones de 1985 en sustitución de la lista cerrada.

Como sabemos, las listas cerradas tienen la ventaja que las agrupaciones políticas puedan colocar sus mejores cuadros en los primeros lugares de la lista parlamentaria, con la idea que sean su futura bancada en el Congreso para poder representar, legislar y fiscalizar; llegar a ser el partido de gobierno o su correspondiente oposición política.

Sin embargo, para las elecciones presidenciales de 1980, las cúpulas partidarias de la época impusieron una lista de candidatos, con un orden de prelación arbitrario, careciendo de una mínima democracia de partidos. La lista abierta, en cambio, sirvió como una modalidad que permitía al elector escoger hasta dos candidatos de su preferencia, lo que puede alterar el orden de la lista establecido originariamente por el partido político para conformar su grupo parlamentario.

Con el paso del tiempo, observamos que la experiencia del voto preferencial tampoco ha sido alentadora. Si bien propició una mayor participación democrática, sus efectos no han servido para crear y fortalecer un sistema de partidos. Todo lo contrario, los partidos y agrupaciones políticas se han debilitado a la vez de introducir serios problemas en los procesos electorales y propiciar la presencia de tránsfugas.

Como podemos apreciar en la campaña, los candidatos al parlamento recurren a todo tipo de medios para atraer la atención y captar preferencias de los electores, en desmedro de la seriedad de las propuestas políticas y contribuyendo al deterioro de la calidad de los parlamentarios al interior del Congreso. Además, la publicidad y los recursos económicos invertidos es determinante en una campaña electoral, lamentablemente mucho más que los méritos y planteamientos políticos del candidato.

Las listas abiertas, o voto preferencial, funcionan en los sistemas de partidos con tradición democrática, como es el caso del Reino Unido y Norteamérica, pero la experiencia peruana, en casi tres décadas, requiere el retorno a las listas cerradas para la elección de parlamentarios como un paso previo y necesario hacia la progresiva consolidación de un sistema de partidos que funcione.

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