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La regionalización y sus etapas. Publicado en el Diario El Comercio (Edición Regional), Sábado 10 de Noviembre de 2012.

Carlos Hakansson

Doctor en Derecho (Universidad de Navarra)

Profesor de Derecho Constitucional (Universidad de Piura)

La regionalización es un proceso inacabado, con sus aciertos y desaciertos; podríamos decir que aún está en sus comienzos. Es natural que su primera etapa haya sido el cambio radical del mapa político del país, el traslado de competencias del Gobierno central a las regiones; la aparición de partidos regionales, en progresivo aumento, pero con deficiencias similares a los partidos nacionales.

La segunda etapa la estamos viviendo después de diez años, consiste en aprender a ejecutar el gasto público con una gestión eficiente y sostenida en el tiempo, sea cual fuere el partido que gibierne. Esta etapa es más larga pues rquiere de cuadros de profesionales especializados en la gestión pública y desarrollo de proyectos; por eso, las universidades regionales tienen un importante papel en la realización y consolidación de esta tarea.

La tercera etapa de la regionalización se relaciona con los partidos políticos, un tema que hemos tratado en otros artículos, añadiendo la necesidad de ponerse de acuerdo para elaborar una agenda que se convierta en un plan regional de desarrollo, que sea percibida por los ciudadanos como un pacto regional entre los partidos con actividad política en la región.

Como los denominadores comunes del desarrollo de cada región son similares (educación, infraestructura, progreso económico en todos sus sectores, salud, fomento de empleo,  programas sociales de inclusión, etc.) y hay singulares diferencias entre las regiones de costa, sierra y selva, la cuarta etapa podría conducirnos, con el tiempo, a fomentar sinergias entre las regiones cercanas, pues, por ejemplo, unas necesitarán salida al mar, otras agua potable o  minería; ello originaría la constitución de las macroregiones (norte, centro y sur).

La quinta etapa va unida a la anterior, pues una macroregión necesitará una asamblea regional que represente a los ciudadanos y fuerzas políticas que la conforman. Así, con el tiempo se fomentaría una oposición política, sucesión democrática con el cumplimiento de una agenda regional (como si fuera una carrera por postas), y el progresivo fortalecimiento de las instituciones.

Las etapas descritas no surgirán de golpe, en un solo acto; requerirán de paciencia, tolerancia y empeño de las instituciones regionales y sus ciudadanos, es decir, de sus gobernantes y gobernados, en la tarea de consolidar el proceso de regionalización con el paso del tiempo, sin prisa, pero también sin pausa.

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