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The Big Bang Theory: Territorio Frikki.

Claudio Sánchez

 

Con más de 17 millones de audiencia en Estados Unidos, The Big Bang Theory es una comedia de situación producida por Warner. Su humor inteligente y la creatividad de sus guiones han hecho que desde su estreno en 2007 haya duplicado la audiencia que obtuvo en la primera temporada. No es raro, por tanto, que la CBS haya confirmado a mitad de la emisión de la quinta temporada que habrá dos más.

Aunque es algo que se puede predicar no solo de The Big Bang Theory, sino de toda buena sitcom, quizás sea bueno recordar algunas señas de identidad del formato. Su corta duración, 20 minutos, ayuda a pasar un rato divertido sin emplear demasiado tiempo. Por otra parte, el espectador conoce bien a los personajes y se va encariñando con ellos. Los protagonistas tienen rasgos muy marcados y evolucionan poco: de alguna manera esperamos que sean como suelen ser.

Las comedias de situación manejan el cristal y el espejo: retratan la realidad cotidiana y nos reflejan, aunque sea en una versión exagerada o deformada. La sitcom busca que el espectador se ría con los personajes, que se ría un poco de sí mismo, en situaciones que le resultan familiares. En el caso de The Big Bang Theory, la pregunta para entender mejor su éxito es: ¿quién no tiene un amigo o un compañero de trabajo friki?

 

Genios de un mundo muy lejano

The Big Bang Theory centra su argumento en las peripecias de cuatro jóvenes científicos tan inteligentes como torpes en la vida social. Trabajan en el California Institute of Technology, el célebre CalTech con sede en Pasadena. Sus rutinas están muy marcadas por sus aficiones: la ciencia-ficción, los comics, los videojuegos, la Tierra Media de Tolkien, los últimos adelantos en física, robótica, informática, etc.

Entre ellos, destaca Sheldon Cooper (interpretado por un divertidísimo Jim Parsons, ganador de dos Emmys y un Globo de Oro en 2010 y 2011), físico teórico, el más inteligente y peculiar, aprensivo y susceptible, categórico, lleno de manías y temores. Le acompañan Leonard Holftadter (Johnny Galiecki), físico experimental, con diferencia el más terrícola de los cuatro; Raj Kootrappali (Kunal Nayyar), astrofísico indio, tímido, sobre todo con las mujeres, y Howard Wolowitz (Simon Helberg), un vanidoso ingeniero judío obsesionado con el sexo, dominado por una madre histérica y superprotectora de la que sólo oímos sus gritos, ya que casi nunca sale de su casa y apenas de su habitación.

Estos cuatro personajes comparten un apartamento y son vecinos de Penny (Kelly Cuoco), una actriz frustrada, camarera por obligación y cansada de cambiar constantemente de pareja. No tiene ningún interés científico (como dice sarcásticamente Sheldon: “Es un auténtico chimpancé”), pero sí buen corazón e intenta que sus vecinos frikis se relacionen. Rubia, atractiva e impulsiva, simpática y desenvuelta, es la antítesis de ellos. El conflicto entre estos cinco personajes es constante, pero, en el fondo, hay una verdadera amistad entre ellos: cada cual es muy suyo, muy autónomo, pero forman un grupo y sus vidas se van entrelazando.

Despliegue de ingenio

Los creadores de la serie, Chuck Lorre y Bill Prady, son dos hombres de televisión, que desde hace más de 20 años llevan produciendo y escribiendo series como Roseanne, Las chicas Gilmore, Mike y Molly o Los líos de Caroline. Sin duda, el trabajo de mayor reconocimiento de los dos corresponde a Chuck Lorre, que desde 2003 relanzó la carrera de Charlie Sheen con Dos hombres y medio.

The Big Bang Theory me parece notablemente superior a las series citadas y a otras sitcom recientes de éxito (Cómo conocí a vuestra madre es, quizás, la que más se le acerca). Y es que, desde Friends (1994-2004), no veíamos una comedia televisiva con tanto ingenio en sus chistes, con un timing y unas situaciones tan conseguidas, pletóricas de gags visuales, con esa generosa ración de slapstick, el imprescindible ingrediente de una comedia de situación que quiera ser brillante.

Esta sitcom aprovecha algunas fuentes de inspiración muy recurrentes en la televisión y el cine de los últimos años. Está el personaje que sabe demasiado y va por delante del espectador, instrumento narrativo muy utilizado en series como Miénteme, House, Luther, Sherlock o El mentalista.

El peligro que tiene este tipo de personaje es que resulte pedante. En este caso, para humanizar a estos cerebros se incide en su incapacidad social, muy cercana a una clase de autismo, el síndrome de Asperger. Muchas películas recientes han utilizado este trastorno conductual que dificulta enormemente la empatía y que genera seres geniales pero obsesivos, desde Rain Man o Una mente maravillosa a la deliciosa Adam.

Entre Peter Pan y el Capitán Spock

The Big Bang Theory también hace una crítica mordaz a la deficiente educación que en muchos casos reciben los niños superdotados, reducida a menudo a una instrucción de destrezas intelectuales que descuida otras facetas de la personalidad. De ahí provienen muchos de los chistes de esta sitcom, que ridiculiza cómo cuatro científicos con un curriculum apabullante pierden los papeles y se descontrolan por un nuevo cómic de Batman o por una servilleta usada por Leonard Nimoy (el actor mundialmente conocido por su interpretación del capitán Spock en la saga de Star Trek). La descripción de las madres de Wolowitz y Leonard es minimalista pero sensacional: en dos brochazos traza una educación torpe y distante, eminentemente traumática en la vida real, pero de lo más eficaz para arrancar la carcajada del espectador.

El vestuario es otro elemento muy bien utilizado para definir el divertido carácter alienígena de sus personajes: el uso trasnochado de la pana, el colorido de sus camisas, los jerséis de pico y camisetas de cuello alto hacen que cada uno agote su especie con una moda de otro tiempo. Las pocas fiestas a las que son invitados los cuatro científicos son visualmente tronchantes por cómo van involuntariamente “disfrazados” y cómo se comportan.

Sin negar los logros reseñados, es evidente que hay capítulos que se exceden con la sal gruesa, especialmente algunos con tramas en las que los protagonistas son Penny y Wolowitz. Sin tratarse de una serie juvenil recurrentemente sexualizada, parece claro que en tal materia esta sitcom es frívola y superficial, con un nivel similar al de Friends. Pero, al menos, no aprovecha –como hacen otras comedias– para lanzar mensajes subliminales políticamente correctos.

No hay que perder de vista que esta sitcom la emite CBS, una cadena en abierto, sometida a la jurisdicción de la FCC (Federal Communications Commission), que tiene normas sobre la emisión de contenidos obscenos o indecentes, especialmente entre las 18 y las 22 horas.

The Big Bang Theory es muy hábil para esquivar los tópicos. La rubia es guapa y no demasiado lista, pero tiene momentos de lucidez y de sarcasmo inteligente ante los sofisticados pero tremendamente infantiles ataques dialécticos de sus vecinos. Sus reacciones ante las excentricidades de sus amigos son muy graciosas y dan un tono de ternura y desenfado a la historia. Wolowitz está obsesionado por el sexo, pero no llega a ser un monotemático supersalido. Raj Kootrappali (hay que reconocer que los nombres de los personajes son sensacionales) es indio pero detesta la comida india. Estos matices y la originalidad de los conflictos de cada capítulo hacen que la serie no canse a pesar de llevar casi 100 capítulos haciendo reír a millones de personas.

Fuente: http://www.aceprensa.com/articles/big-bang-theory-territorio-friki/

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