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La revocación más mediática. Publicado en el Diario El Comercio (Edición Regional), Sábado 16 de Marzo de 2013.

Revocatoria

Carlos Hakansson

Doctor en Derecho (Universidad de Navarra)

Profesor de Derecho Constitucional  (Universidad de Piura)

Titular  de la Cátedra Jean Monnet (Comisión Europea)

Mañana se realizará el proceso de revocación contra la Alcaldesa de Lima, quizá el más mediático, tanto que pareciera que todos los ciudadanos del país fuéramos a votar el próximo domingo.

En varias oportunidades hemos tenido la ocasión de comentar que la revocación es una institución que si no se utiliza con cuidado podría ser peor que la enfermedad. Debemos recordar que esta institución se encuentra más cerca de las democracias directas que las representativas. Es importante resaltar esta afirmación pues, en la actualidad, ninguna comunidad política se organiza como una democracia directa, pese a que las representativas incorporan algunas de sus instituciones (referéndum, plebiscitos, revocación, entre otras).

Si bien las instituciones de democracia directa están presentes en las constituciones modernas, pueden convertirse en un “arma de doble filo” para la estabilidad política. Lo explicamos. El problema con las instituciones como el referéndum o la revocación es que, en la práctica, no se aplican gracias a la espontaneidad de la ciudadanía sino que suelen ser promovidas gracias a una campaña organizada por la oposición política. En concreto, por los candidatos que perdieron una elección, o por algún grupo de presión (más conocidos como lobbies) que, solicitando la documentación necesaria en el JNE, tiene la capacidad de movilizar a la ciudadanía para cumplir con los requisitos formales y lograr su objetivo por medio de una campaña.

La presencia de la revocatoria en las constituciones modernas se explica cuando la ciudadanía no percibe una debida fiscalización y decide manifestar su disconformidad antes del próximo proceso electoral. La idea de fondo es que si la mayoría del electorado otorga su voto y confianza a un candidato, lo puede retirar votando a favor de la revocatoria si no satisface las expectativas ciudadanas.

El problema se encuentra cuando algún grupo de presión, movimiento o partido político puede capitalizar ese sentimiento en su beneficio, aprobarse la revocación y presentarse como una mejor opción política en los próximos comicios. En el fondo, es cierto que la revocación promueve la participación ciudadana y con ello la democracia, pero el problema es evitar que se desnaturalice la institución.

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