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Los rasgos del estadista. Publicado en el Diario El Comercio (Edición Regional), Sábado 7 de Septiembre de 2013.

Carlos Hakansson

Doctor en Derecho (Universidad de Navarra)

Profesor de Derecho Constitucional e Integración (Universidad de Piura).

Titular de la Cátedra Jean Monnet (Comisión Europea)

 

Este año hemos podido constatar ciertos problemas de comunicación y de unidad de la presidencia de la República con su Consejo de Ministros; primer fueron las declaraciones del Presidente sobre el interés de comprar una refinería; luego recordamos el llamado al Tribunal Constitucional para que se abstenga de pronunciarse en torno al pago de los bonos agrarios; y, finalmente, el anuncio de las “vacas flacas” ante la disminución del precio internacional de los metales y la crisis que económica que se avecina. Las inmediatas señales de alerta, especulación y acciones de los agentes económicos nos hacen recordar la prudencia de cuándo, cómo y dónde se deben ofrecer mensajes a la Nación. Debemos tener en cuenta que el Presidente es una “fábrica de titulares” y sus palabras, gestos y omisiones serán interpretados por los medios de comunicación.

Los requisitos que el artículo 110 de la Constitución establece para ser candidato a la Presidencia de la República (peruano de nacimiento, ciudadano en ejercicio y mayor de treinta y cinco años al momento de la elección) solo son de tipo objetivo para comenzar una contienda electoral; les corresponde a los electores descubrir otros atributos de sus candidatos a la presidencia.

La institución presidencial solo debe hablar lo debido; lo contrario produce desconfianza e incertidumbre y compromete decisiones importantes en materia política, económica y social. La habilidad para expresarse con claridad y ofrecer una información trasparente sobre la política gubernamental, la sobriedad para evitar todo lo que afecte el contenido del mensaje, así como la rapidez para que la comunicación sea oportuna y se eviten especulaciones que generen más incertidumbre, son requisitos que también deben considerarse.

Los estadounidenses, por ejemplo, son conscientes de que deben elegir a un verdadero modelo humano para el país, que reúna las virtudes de bondad, honradez y sinceridad; y habilidades políticas como sagacidad, energía y competencia para resolver los problemas. Sin embargo, a diferencia del modelo norteamericano, el perfil del presidente latinoamericano se puede resumir en la tendencia al paternalismo político, que deriva en la personalización del poder y las simpatías personales del candidato, resumidas en su habilidad para captar votos durante la campaña; una etapa en la que olvidamos lo más importante, la tarea de los ciudadanos para descubrir un estatista durante todo el proceso electoral.

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