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¿Y cuando pase el temblor? Publicado en el Diario El Comercio (Edición Regional), Sábado 23 de Noviembre de 2013.

 

 Carlos Hakansson

Doctor en Derecho (Universidad de Navarra)

Profesor de Derecho Constitucional e Integración (Universidad de Piura)

Titular de la Cátedra Jean Monnet (Comisión Europea)

El 21 de noviembre, a las 10 de la mañana,  se realizará un simulacro de sismo a nivel nacional, con la presencia de inspectores de la Dirección Regional de Defensa Civil. La iniciativa del Instituto Nacional de Defensa Civil es prudente porque nos orienta, con una actitud previsora, para estar preparados y saber cómo actuar ante un sismo o fenómeno natural. Sin embargo, el problema es que pese a los reiterados simulacros que se organizan, no se prepara a la ciudadanía para los llamados “cinco minutos después” de la catástrofe. En otras palabras, se enseña, orienta y pone en práctica, mediante simulacros y señalizaciones, por dónde podemos salir corriendo en orden y cuáles son los lugares más seguros; pero, finalizado el terremoto, cuando la ciudad afectada suele quedarse sin energía, hay puentes caídos y, por consiguiente, aislamiento, carreteras afectadas, cables y postes en el suelo, estructuras derrumbadas, etc.; no se instruye a la ciudadanía sobre: dónde pedir auxilio, qué lugares se habilitarían para atenciones de emergencia o para campamentos –en caso de pérdida total de la vivienda–, centros de alimentación, abrigo o comedores populares para los más desamparados.

Se debe reconocer que la necesidad de ensayar cada cierto tiempo una rutina, hasta la posibilidad de simular un sismo nocturno, es una práctica muy positiva; pero, también debería haber claridad para “luego de los cinco minutos de angustia” saber cómo socorrer a familiares, amigos y vecinos con orden. Por eso, una medida que podría servir en estos casos es valernos de la organización dispuesta por el Organismo Nacional de Procesos Electores para llevar a cabo los comicios.

El número de mesa que figura en el Documento Nacional de Identidad podría ser el código que indique el colegio y lugar exacto al que podríamos acudir por alimentos. El padrón electoral se convertiría en el registro de entrega de víveres, abrigo y carpas; los miembros de mesa podrían apersonarse para colaborar, al igual que un proceso electoral con el apoyo del ejército. Los ciudadanos que votan fuera de la ciudad deberían acudir al local de su municipalidad, pues allí también estarán empadronados para poder recibir la debida asistencia.

La necesidad de estar preparados durante una catástrofe no debe hacernos perder de vista la importancia de estar organizados también para evitar el caos, saqueos e histeria colectiva.

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