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Elecciones generales. Una mirada al próximo proceso. Publicado en el Suplemento dominical Semana (Diario El Tiempo), 25 de Octubre de 2015.

Carlos Hakansson
Doctor en Derecho (Universidad de Navarra)
Profesor de Derecho Constitucional (Universidad de Piura)
Titular de la Cátedra Jean Monnet (Comisión Europea)

El progresivo deterioro del partido de gobierno y su cada vez más menguada bancada congresal es resultado del agotamiento del perfil promedio del candidato presidencial. La precaria continuidad democrática que hemos vivido estos años, procesos electoral con candidatos sin estructura partidaria de alcance nacional, sin cuadros políticos formados en sus canteras, sin capacidad para ejercer responsabilidades políticas y la suficiente cintura para poder afrontar los naturales embates de la oposición parlamentaria, exigen las reformas necesarias que hagan efectivos unos ajustes de carácter temporal y otros permanentes.

Entre las reformas de carácter temporal, considero necesario permitir que los candidatos presidenciales puedan postular al Congreso. En la medida que los partidos no se consolide la figura del líder del partido, la reforma daría mayor cohesión a las bancadas, un mejor trabajo de fiscalización, debate y conocimiento de los problemas de la cosa pública. Se trata de una disposición que existía bajo la Carta de 1979, que implicaría una reforma constitucional. Una reforma permanente es la propuesta del Dr. Fernando Tuesta Soldevilla, la necesidad que las elecciones congresales también se definan en la segunda vuelta electoral; una manera de dimensionar el ejercicio de la política, que contenga la tendencia hacia el multipartidismo y la regla de “a mayor representatividad menor gobernabilidad”. También hay que añadir que la experiencia del voto preferencial (o voto con lista abierta) no ha funcionado como en los países anglosajones (Reino Unido, Estados Unidos) porque demanda una mayor formalidad partidaria; la lista parlamentaria cerrada permite con realismo ubicar al principio a los mejores cuadros de cada agrupación.

Es cierto que son más las reformas electorales que debemos aprobar y el Jurado Nacional de Elecciones viene realizando los esfuerzos para difundirlas y que puedan ser debatidas y aprobadas; pero siendo realistas debemos reconocer que la evolución de las instituciones políticas en una democracia se produce en base a conquistas. La historia del constitucionalismo se puede resumir en el conjunto de conquistas de los ciudadanos en favor de las libertades y la gobernabilidad democrática. Los políticos deben sentirse tan fiscalizados por la oposición como por los ciudadanos de a pie. La indignación producida en las calles contra determinados nombramientos y legislación aprobada por el Congreso, es una muestra que es posible revertir decisiones y comportamientos que la ciudadanía considera equivocados.

La opiniones vertidas por los analistas y los distintos medios de comunicación en el sentido de fortalecer la institucionalidad, podría correr el riesgo de caer en un lugar común si no está asociada con la necesidad de “construir” ciudadanía. Lo explico. Si las instituciones del sistema político se pudieran asociar con una autopista, los partidos equivalen a los vehículos que transitan por ellas pero sus conductores al volante son los ciudadanos, que respetan las reglas de juego, es decir, las señales de tránsito, la conservación y cuidado del medio de transporte, la velocidad permitida, la prudencia al conducir en un día de mal tiempo y un largo etcétera.

Un tema también importante es el perfil de los candidatos presidenciales. En el fondo, de lo que se trata es que los partidos elijan en las elecciones internas a una persona que reúna un conjunto de cualidades, la primera de ellas es que se trate de un modelo humano para el país, que reúna las competencias profesionales necesarias para asumir el cargo, así como la capacidad de tomar decisiones, sagacidad, trabajo en equipo y una clara dirección e idea de gobierno que se quiere impulsar desde la presidencia. La hoja de vida intachable es una señal, su ejemplo personal y familiar es otro gran indicador en la búsqueda de ese modelo humano.

Las elecciones internas deben concebirse como parte de la llamada democracia de partidos, se resume en la idea que las candidaturas se ganan al interior de cada agrupación política. No se trata de una formalidad y debería ser preocupante que existan pocos candidatos en una contienda de esta naturaleza, lo cual evidenciaría una crisis de cuadros que podría comprometer al partido y su vigencia en el tiempo. El ganador tendrá el derecho de nombrar a sus candidatos a la vicepresidencia, teniendo claro que se trata de una institución llamada a suceder al Presidente de la República temporal o permanentemente, según sea el caso; por eso, como cada institución política posee su propio talante, es aconsejable que una vez electos sepan guardar un adecuado perfil bajo, que evite un desgaste prematuro, pues están llamados a suceder al Presidente de la República; su principal escudero debe ser el primer ministro por ser su principal portavoz.

A los ciudadanos nos corresponde un cambio de actitud ante las campañas presidenciales y parlamentarias, no son una feria de ofrecimientos sin sentido y carente de realismo. En la práctica, los candidatos al Congreso parece que postulan al ejecutivo ofreciendo becas, carreteras, postas médicas, agua, infraestructura, cuando no son temas de su competencia, sino más bien de fiscalizar que se realicen con transparencia. A los candidatos presidenciales nos toca “bombardearlos” con la misma pregunta que los estadounidenses realizan a sus políticos: ¿qué harás con mis impuestos? Cuando se definan los candidatos de los partidos Demócrata y Republicano y comiencen los debates entre ellos, podremos apreciar que el común denominador de las preguntas que el público les formula es concerniente al sensato empleo del gasto público.

Finalmente, es evidente que la continuidad democrática, aunque precaria como pude señalar al comienzo, también debe brindar sus frutos. El principal es un importante conjunto de jóvenes que no han conocido golpes de estado y que estrenan unas libertades que son un capital valioso en toda democracia. De lo que se trata es de saber formarlos, hacer de ellos verdaderos ciudadanos, exigentes al momento de elegir y responsables al ser elegidos para ocupar importantes cargos públicos. Hoy en día, una mayor cantidad de jóvenes desean participar en la política, los movimientos deben brindarles formación y posibilidad de crecer en su interior dentro de la vida misma de cada partido político.

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