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Reformas electorales y transición democrática. Publicado en el Diario Correo (Edición Regional), Lunes 11 de Enero de 2016.

Carlos Hakansson
Doctor en Derecho (Universidad de Navarra)
Profesor de Derecho Constitucional (Universidad de Piura)
Titular de la Cátedra Jean Monnet (Comisión Europea)

Antes de culminar el año 2015 se comentó mucho acerca del sistema de voto preferencial (lista abierta) en comparación con la lista bloqueada (lista cerrada); las primeras provienen del mundo anglosajón mientras que las segundas son propias de los parlamentos europeos continentales. Si bien es cierto que el voto preferencial parece más democrático que el voto con lista cerrada por temor a la posible arbitrariedad de las cúpulas partidarias, lo cierto es que optar por las primeras demanda una madurez política que todavía carecemos. En otras palabras, es como aprender a multiplicar sin antes saber sumar.

Si la reforma e instauración de la lista cerrada o bloqueada colabora en evitar la llamada “guerra de todos contra todos”, y si con ello el líder del partido, o candidato presidencial, puede reservar sus mejores cuadros en los primeros lugares de la lista parlamentaria, habremos avanzado en la calidad del trabajo congresal, pues de lo que se trata es de renovar el perfil y calidad de la clase política.

Las formas constitucionales de gobierno no funcionan solamente en base a normas, sino gracias a la continuidad democrática que permite ganar experiencia para realizar, progresivamente, los ajustes que sean necesarios en aras de fortalecer y consolidar nuestro sistema político con paciencia, tolerancia y empeño, una fórmula más humana que jurídico positiva. En eso consiste una verdadera transición hacia la institucionalidad democrática, realizar cambios progresivos y dejar de insistir en lo que no funciona; logrando un asentamiento, madurez y continuidad de los partidos políticos.

Es cierto que sólo una reforma electoral que busque una elección congresal por lista abierta (voto preferencial) no nos ayudará a consolidar la institucionalidad, pero de alguna manera necesitamos avanzar sin prisa pero sin pausa con las reformas electorales más apremiantes.

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